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04 Feb

Motivación para el tratamiento

CRISTINA PRADOS | PSICÓLOGA Y ASESORA TÉCNICA DE CAARFE

21.04.2015. Una característica presente en los trastornos adictivos es la NEGACIÓN DE LA ENFERMEDAD. Las personas con trastorno por dependencia tienden a negar, o al menos a minimizar, el consumo de sustancias, a atribuirlo a exageraciones o malas intenciones de los demás, o adoptar una actitud de autosuficiencia, intentando aparentar que dominan de la situación. No es raro por tanto que sean los familiares o amigos del “enfermo” los primeros que acuden en busca de soluciones y que el interesado se niegue a hacerlo al no reconocer el problema.

La búsqueda de soluciones por propia iniciativa del interesado es poco frecuente, menor aún en el caso de personas jóvenes y que no presentan una clara dependencia física de la sustancia. Igualmente, encontramos personas que acuden inicialmente a las asociaciones, pero que abandonan prematuramente la asistencia a las terapias.

motivacionLa ingesta abusiva de sustancias tóxicas genera en la persona alteraciones graves como conductas inadecuadas, fracasos continuos, reproches por parte de los demás, déficits de autoestima… Una vez que el consumo se ha convertido en un problema, admitirlo y buscar ayuda no es fácil debido a la falta de reconocimiento de la dependencia y a las ventajas inmediatas que se obtienen con la ingesta de esta sustancia.

En la mayoría de las ocasiones los “enfermos” acuden a las asociaciones por presiones externas, es decir, por problemas médicos, dificultades con la justicia o forzados por su familia o entorno laboral, sin interés real por un cambio en su vida. Por ello, la motivación para el tratamiento es el motor del cambio y la pieza fundamental del éxito en un proceso de abstinencia y rehabilitación. No se trata únicamente de la motivación inicial, sino de la motivación necesaria para mantener los cambios en el estilo de vida.

            Los pasos en la aceptación del tratamiento por parte de una persona con trastorno por dependencia son:

                            a) La sustancia se ha convertido en un problema y, por ello, es preciso un cambio.

                            b) La persona no es capaz de hacerlo por sí mismo sólo, si no que necesita una ayuda externa.

                           c) Las nuevas pautas de comportamiento y el nuevo estilo de vida supone un esfuerzo inicial, requiere una vigilancia activa y precisa un adecuado nivel de seguimiento.

La persona va a estar realmente motivada cuando llega a percibir que los inconvenientes de seguir consumiendo superan a las ventajas de hacerlo. Según Prochaska y Di Clemente (1983), la motivación para el cambio consta de diversas fases:

1/ Falta de conciencia del problema. El enfermo se encuentra en una fase amotivacional en la que no se percata del alcance de su problema porque no lo vive como tal. Las ventajas de la dependencia a la sustancia superan con creces a los posibles inconvenientes que puedan aparecer de vez en cuando.

2/ Valoración del problema. La persona está pensando en el cambio (fase de reflexión), al menos en ocasiones, pero no está dispuesto a hacerlo de momento. En este caso no se está interesado en modificar el estilo de vida, porque los inconvenientes de la situación actual no los percibe tan fuertes como para justificar el esfuerzo del cambio.

3/ Decisión de cambiar: La persona está lista para cambiar (fase de determinación) porque los inconvenientes de la vida actual son claramente superiores a los beneficios obtenidos. Es el momento en el que inician los pasos adecuados para el mantenimiento de la abstinencia sin las presiones externas.

4/ Inicio del cambio. La persona está realizando cambios (fase de acción) con arreglo a las prescripciones terapéuticas.

5/ Mantenimiento del cambio. El enfermo incorpora a su repertorio de conductas (fase de mantenimiento) los cambios aprendidos. Estas nuevas conductas pueden estabilizarse, lo cual lleva un cierto tiempo o verse afectadas por recaídas.

La transición de la fase de reflexión a la fase de determinación puede demorarse en el tiempo, incluso de forma indefinida, bien por ambivalencia y autoengaño, bien por temor al esfuerzo que todo cambio entraña. Lo cierto es que los familiares tienen un papel muy importante a la hora de aumentar su motivación o acelerar el paso entre fases. Se trata de dejar de protegerle y encubrirle, mostrar firmeza y exigirle que tome sus responsabilidades en el tratamiento, sin dejar de acompañarle y ofrecerle apoyo durante todo el proceso. Los trastornos por dependencia de sustancias afectan a todos los miembros de la familia, que a su vez pasan también por diferentes fases en la admisión y aceptación del problema y la enfermedad, por lo que la recuperación total del enfermo supone un proceso familiar, no individual.

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