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04 Feb

La ludopatía: Del placer a la dependencia

irene tenias | PSICÓLOGA Y MIEMBRO DEL COMITÉ ASESOR DE CAARFE

13.07.2015. La afición a los juegos de azar o de habilidad, está muy arraigada en nuestro país y no es una circunstancia de hoy. Personajes famosos de nuestra historia como Descartes, el poeta Luís Góngora, Dostoievski cuya obra “El Jugador (1867)” quizás sea la primera manifestación autobiográfica de una persona fascinada y arruinada por el juego,  tuvieron importantes deudas derivadas de su adicción al juego.

La presencia en la calle de máquinas tragaperras, junto con el incremento de la oferta de bingos, casinos, juegos de apuestas tradicionales (quinielas, loterías…), y las nuevas apuestas online, ha hecho que aumente considerablemente la inversión de dinero en los juegos de azar. De hecho, el crecimiento de la ludopatía está en relación directa con el aumento y difusión sin restricciones de la oferta de juego desde la legalización de los diferentes tipos de juego (Bingos en 1977, máquinas tragaperras en 1981, y más recientemente la liberación de la oferta de los juegos online en 2010…). La indefensión ante esta avalancha afecta especialmente a los adolescentes y a las personas más vulnerables psicológicamente.

juegos de azar ludopatiaSegún Echeburúa y Corral (1994), cualquier conducta normal placentera tiende a repetirse y es, por ello, susceptible de convertirse en un comportamiento adictivo, es decir, de conductas normales se pueden hacer usos anormales.

El juego patológico, podría definirse como un tipo característico de déficit o incapacidad en el control del impulso de jugar. En la última revisión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos  Mentales (D.S.M. V, 2013),  el juego patológico o ludopatía, se considera como un trastorno adictivo en el que se genera una dependencia, acompañada de un síndrome de abstinencia y fenómeno de tolerancia, como  ocurre en el resto de dependencias (alcoholismo, tabaquismo, etc.),  a diferencia del anterior Manual (D.S.M, IV-TR, 2001) que lo consideraba como un trastorno por falta de control de impulsos.

El juego patológico o ludopatía  se reconoció como un problema psicológico o mental, por primera vez, a nivel mundial, en 1980. En definitiva los componentes fundamentales de los trastornos adictivos son la pérdida de control y la dependencia psicológica.

Al principio, la persona utiliza el juego como medio de entretenimiento, controla el dinero/ tiempo invertido y puede dejar de jugar cuando desee. No es extraño que obtenga algún premio. Durante un tiempo juega todavía poco, pero si es una persona vulnerable psicológicamente, sin darse cuenta la cantidad de tiempo/ dinero invertido va aumentando y comienza a dar gran importancia a las ganancias minimizando las pérdidas, incrementándose su optimismo y autoestima. Esta autoconfianza, le lleva a no dar importancia a las pérdidas (que son mayores que las ganancias) y jugar descontroladamente para satisfacer su necesidad de ganar. Sin saber cómo, el jugador se va adentrando en un círculo del que cada vez es más difícil salir, puesto que el aumento de la frecuencia y cantidad de dinero invertido  hace que las pérdidas sean cada vez más cuantiosas llevando al jugador a endeudarse y mentir con el objeto de conseguir dinero para continuar jugando. Poco a poco la necesidad de jugar para calmar su nivel de ansiedad, va apoderándose de la vida del jugador convirtiéndola en un verdadero sufrimiento.

Comienza así, una etapa si cabe más difícil, acusándose en el ludópata:  deterioro personal con baja autoestima, angustia, depresión y sentimientos de culpabilidad; deterioro familiar, que conlleva discusiones familiares, falta de diálogo, explosiones de ira o síntomas depresivos, alteraciones del sueño y deterioro de las relaciones sexuales; deterioro económico, marcado por las grandes pérdidas de dinero que puede llegar a situaciones límite de auténtica necesidad; deterioro social, por falta de interés del ludópata y por su aislamiento social; y deterioro laboral/ escolar por absentismo o falta de concentración.

El deseo incontrolable de conseguir dinero para seguir jugando puede llevar a la desesperación del jugador, conduciéndole incluso a tentativas de suicidio para acabar con este sufrimiento.

En el momento en el que una persona o sus familiares se vean desbordadas por las terribles consecuencias del juego, deben ponerse en manos de profesionales poniéndose en contacto con  Asociaciones de Autoayuda, psicólogos, psiquiatras…que le ayuden a afrontar su problema y las terribles consecuencias que le haya ocasionado tanto a ella como a su familia. Con un tratamiento adecuado, el jugador puede rehabilitarse y conseguir una buena calidad de vida para él y sus allegados lejos del juego.

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